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Roberto Valcárcel, Santa Cruz, Bolivia (1998)

Autoretratos de l'Alma

Acerca de la obra pictórica de Kristina Girke

 

La obra de Kristina Girke no es de acceso fácil.

No es fácil de entender.

O, también, es muy fácil acceso:

siempre y cuando podamos

deshacernos de una serie de prejuicios.

Pre-juicios acerca de cómo debe ser una pintura,

acerca de cuánta claridad (explicitud)

debe tener el mensaje de un cuadro

(...¿por qué habría el cuadro de que tener un mensaje?)

etcétera.

Si nos aproxinamos a los cuadros de Kristina Girke

Con expectivas pre-meditadas,

p.r.e.c.o.n.c.e.b.i.d.a.s.,

seguramente perderíamos tiempo y energía

tartando de compatibilizar lo que ven nuestros ojos

con lo que pensamos obtener de una obra de arte.

Digo: perder tiempo y perder energía

porque supongo que el intento de compatibilización

será un intento (parcial o totalmente) fallido.

Si esperamos que sus cuadros nos aclaren cosas,

nos expliquen cosas, nos digan cosas concretas

o si esperamos que coincidan con algún

cánon formal o código estilístico...

perderemos muy pronto el interés en ellos

o tendremos muchas horas de

c.a.v.i.l.a.c.i.o.n.e.s. t.e.ó.r.i.c.a.s.

y probablemente ninguna de placer estético.

Por el contrario, si nos acercamos a su obra con la inocencia del niño,

con la misma desprejuiciada e inquisidora actitud

con la que todo científico debe acercarse a cualquier problema

de la realidad o de la ficción,

veremos que sus figuras,

sus imágenes, formas y colores

l.u.y.e.n.& s.e.d.e.s.l.i.z.a.n

de la superficie del lienzo (y, tal vez, de más atrás aún)

hasta nuestro cuerpo (y, tal vez, más adentro aún).

Como decía el poeta irlandés:

La obra actúa por debajo

mientras el observador está distraído viéndola.

La presente exposición tiene como el tema general El Comer.

Por tema general entiendo aquí un marco semiótico

(un margen de posibles significados)

y no tanto un sistema ordenado de mensajes

o una narrativa coherente.

Me atrevo a postular que el tema

de „el comer“

no es tanto el texto del discurso pictórico

sino más bien un pre-texto

para pintar lo inefable.

Desde su llegada a Bolivia,

había encontrado fascinante el hecho de que aquí

la gente coma en lugares

y a tiempos

que no concuerdan con lo esperado por el europeo.

A determinadas horas, el europeo se sienta en la mesa a comer.

Muchos bolivianos abviamente también,

pero además (y ésto es precisamente

lo que impactó a esta artista)

se come en las callas, se come en los micros,

se come en los mercados, se come ají de fideo

de cuclillas en la plazuela Pérez Velasco,

se come chicharrón de cerdo a las tres de la mañana

en „Las Velas“

y trocitos de corazón de vaca ensartados en alambres

en tantos otros puestos nocturnos. A la madrugada

se come fricasé muy picante

por la mañana se come salteñas de pie en las esquinas,

al anochecer se come hamburguesas de los carritos,

y en el Día de los Difuntos se come hasta en el cementerio...

Pienso que Kristina encuentra todo esto muy

p.r.i.m.i.g.e.n.i.o.

en un sentido vital

y verdaderamente positivo.

Creo que ella ha elegido

y desarrollado la temática de „el comer“

en parte para elaborar (digerie) su experiencia

al respecto en Bolivia, pero también para celebrar

el haberse encontrado con lo otro.

Pero advierto a quienes esperen

encontrar en sus cuadros

d.e.s.c.r.i.p.t.i.o.n.e.s.,

que buscarán en vano: No olvidemos

que el tema no es el texto, es el pretexto.

Fácil sería caer en la

tentación

de poner a esta artista

la etiqueta de „eypresionista alemana“.

Sin embargo, al hacer eso

estaríamos cayendo

en el munod cosificado de las categorías a priori

y en aquel ámbito de términos (históricos o estilísticos)

que, si bien denominan las cosas y nos ayudan a re-conocerlas,

no dejan de ser burdas generalizaciones

que entorpecen el

g.o.c.e. e.s.t.é.t.i.c.o.

al mediatizar el encuentro

nuestro ser y la obra.

Me parece tan paradógico (y hasta divertido)

el que un país como Alemania,

proverbialmente racional, cerebral, frío y poco emotivo,

sea precisamente la cuna de tantos artistas

cuya obra – a menudo instintiva, emotiva, irracional,

m.á.g.i.c.a.

necesite ser comprendida / entendida

(y tenga dificultades en ser digerida)

por nuestra fría y cerebral racionalidad.

 

 

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